gobernanza digital

La bifurcación urbano-rural de la gobernanza digital: variables clave para las futuras ciudades inteligentes a partir de dos ciudades de Indonesia.

Un estudio sobre los gobiernos locales de Indonesia revela que la raíz de la brecha urbano-rural en la madurez del gobierno digital no está en la tecnología, sino en la capacidad de gobernanza. Un sistema urbano verdaderamente inteligente necesita construir la capacidad de gobernanza como infraestructura digital.

Cuando ciudades de todo el mundo compiten por desplegar sensores inteligentes, plataformas de IA y portales de servicios digitales, un estudio reciente nos recuerda que lo que realmente amplía la brecha entre la gobernanza digital urbana y rural no suele ser la tecnología en sí, sino el «sistema operativo de gobernanza» oculto dentro de las organizaciones gubernamentales.

Este estudio comparativo, publicado en Frontiers in Political Science, seleccionó como casos a dos gobiernos locales de la provincia de Célebes Meridional, Indonesia: la ciudad de Makassar y la región semirrural de Sidenreng Rappang (abreviado Sidrap). Ambos operan bajo el mismo marco nacional de gobierno digital, pero presentan trayectorias de madurez digital notablemente diferentes. Los investigadores descubrieron que esta diferencia no se origina en la cobertura de red ni en la adquisición de hardware, sino que está determinada por dimensiones de gobernanza como la continuidad del liderazgo, la capacidad de coordinación institucional y la preparación administrativa.

El mismo marco nacional, dos destinos digitales

Indonesia ocupó el puesto 77 en el Índice de Desarrollo de Gobierno Electrónico (EGDI) de las Naciones Unidas en 2022, pero el progreso a nivel nacional oculta la desigualdad interna. Makassar, como centro regional de rápida urbanización en el este de Indonesia, se destaca en innovación de ciudades inteligentes y servicios en línea integrados; mientras que Sidrap, como zona semirrural, sigue limitada por la brecha de infraestructura, la fragmentación de la integración de servicios y la insuficiente preparación digital de los ciudadanos.

Este contraste es universal a nivel mundial. Muchos países en desarrollo ven cómo sus indicadores nacionales de gobierno digital aumentan de forma constante, pero a nivel local se manifiesta un patrón de «las grandes ciudades lideran, los pueblos pequeños se quedan atrás». El estudio señala que el marco nacional proporciona un techo político uniforme para todos, pero la altura real bajo ese techo depende de la capacidad de gobernanza de los gobiernos locales.

Capacidad de gobernanza: el «sistema operativo invisible» de la transformación digital

El estudio se basa en el modelo de evolución digital y la teoría de etapas de madurez de Janowski, pero no los utiliza como una escalera mecánica, sino como una lente analítica. El hallazgo central es que la capacidad de gobernanza no es una variable de fondo, sino un «mecanismo de mediación y configuración» que determina cómo se traducen localmente los estándares nacionales. En concreto, tres dimensiones interactúan:

  • Liderazgo comprometido: El apoyo político sostenido en Makassar impulsó la continuidad de los proyectos a lo largo de los ciclos; Sidrap, en cambio, muestra una inercia de implementación fragmentada y reactiva.
  • Coordinación interinstitucional: El gobierno urbano pudo reorganizar sus estructuras en torno a los objetivos de digitalización, generando una articulación interdepartamental eficaz; el gobierno semirrural enfrenta superposición de responsabilidades y silos de información.
  • Preparación administrativa: La ciudad cuenta con capital humano y recursos financieros más abundantes para sostener la operación y mantenimiento de sistemas complejos; el área rural está limitada por la escasez de personal técnico especializado, lo que dificulta que los sistemas funcionen realmente.La investigación enfatiza que estas dimensiones no existen de forma aislada, sino que, de manera combinada, configuran trayectorias de madurez diferenciadas. En otras palabras, aumentar simplemente la inversión financiera o comprar más servidores no genera de forma natural la madurez del gobierno digital: sin las capacidades de gobernanza correspondientes como “software de sistema”, el hardware tecnológico es solo un costoso adorno.

Giro de políticas: de “compensar la brecha tecnológica” a “compensar la brecha de gobernanza”

La lección más contundente de esta investigación es que reducir la brecha del gobierno digital entre lo urbano y lo rural requiere priorizar el fortalecimiento de las capacidades de gobernanza, en lugar de depender únicamente de soluciones tecnológicas. Esto significa que los formuladores de políticas deberían adoptar una estrategia “sensible al territorio”, realizando intervenciones precisas en los déficits de gobernanza de las distintas regiones.

Para los gobiernos locales semirrurales, el énfasis debe estar en fortalecer la estructura organizativa, clarificar los límites de responsabilidades e invertir en la capacitación del personal. Para los gobiernos centrales o provinciales, se debe reflexionar sobre el diseño de incentivos en el marco nacional, para evitar que los recursos sigan concentrándose en las grandes ciudades. De hecho, si la brecha en la gobernanza digital no se corrige durante mucho tiempo, podría consolidar aún más la desigualdad social entre lo urbano y lo rural, porque el grado de digitalización de los servicios públicos afecta directamente la eficiencia con la que los ciudadanos acceden a derechos básicos como la educación, la salud y el bienestar.

El verdadero sistema operativo de los futuros sistemas urbanos

Desde una perspectiva más amplia, esta investigación es una llamada de atención para la futura industria tecnológica urbana. A menudo estamos obsesionados con conceptos tecnológicos como el “sistema operativo urbano”, pero el verdadero sistema operativo urbano quizás sea de naturaleza institucional: está tejido por el liderazgo del sector público, las redes de colaboración y la capacidad administrativa. Cuando los gobiernos locales no pueden organizar eficazmente sus procesos internos, tecnologías urbanas como la entrega no tripulada, los gemelos digitales y la administración pública con IA pierden la base institucional sobre la cual operar.

La competencia por las ciudades inteligentes está pasando de una “carrera de dispositivos” a una “carrera de gobernanza”. En el futuro, el indicador para medir la madurez digital de una ciudad ya no será la densidad de estaciones base 5G ni el número de sensores, sino si el gobierno puede integrar la tecnología en un ciclo de servicios públicos eficiente, transparente y sujeto a rendición de cuentas. Para la infraestructura digital global, el puerto más crítico quizás sea el proceso de toma de decisiones en las salas de reuniones de los gobiernos locales.

Esta investigación también ofrece una referencia para la toma de decisiones en los países en desarrollo: mientras persiguen los rankings digitales globales, deben estar alerta ante los “proyectos de fachada digital”. Solo cuando los gobiernos locales de las áreas rurales y semirrurales cuenten con capacidades de gobernanza equivalentes, la transformación digital nacional podrá evitar convertirse en un baile exclusivamente urbano.

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  1. https://www.frontiersin.org/journals/political-science/articles/10.3389/fpos.2026.1779611/full